Enfrentando la pandemia después de los 90: Crónica desde Ciudad Eten, en Chiclayo, Perú

Todas las tardes, desde hace 26 años, tres hermanas solteras, de 95, 94 y 90 años de edad, se dedican a resolver los crucigramas que publican algunos diarios. Y hoy, más que nunca y desde hace dos años, en absoluto aislamiento.

La partera o comadrona de comienzos del siglo pasado, trajo al mundo a las últimas tres que quedan, de once hijos del matrimonio que, en Ciudad Eten, distrito de Chiclayo, 20 kilómetros al suroeste de la capital de Lambayeque, formaron José Mercedes Ángeles Ésqueche y Petronila Ñiquen Chafloque: María Maura Ángeles Ñiquen nació el sábado 15 de enero de 1927, María Albina el 5 de febrero de 1928 y María Fusca, el 13 de febrero de 1932. 

El año en que la mayor, María Maura, vino al mundo fue el año en que nacieron el que se convertiría en famoso escritor colombiano y Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez (*06/03/1927, Aracataca; †17/04/2014, Ciudad de México) y el 265° papa de la Iglesia católica Benedicto XVI (*16/04/1927, Marktl, Alemania). También fue el año en que en Perú nació el poeta Juan Gonzalo Rose, para quien la poesía era música de pocos y la música poesía de muchos. Se recuerda que motivado por esa idea incursionó en la composición de valses y alcanzó gran prestigio como escritor de canciones. El punto de partida fue “Tu voz”; tema que, cantado por la chiclayana Tania Libertad en el Festival de la Canción de Chiclayo, de 1970, se impuso a “Y… siempre aquí”, de Armando Manzanero, de quien recordamos falleció el 28 de diciembre de 2020. 

¿Por qué tres Marías?

La pareja de esposos Ángeles Ñíquen adhirió el de María a los nombres que llevan Maura, Albina y Fusca, porque amigos y familiares ya les habían sugerido a los padres que no las bautizaran solo con las nominaciones que traía el calendario de Bristol. El «Almanaque pintoresco de Bristol» es una publicación de una empresa norteamericana que promocionaba sus productos de jabonería y perfumería y divulgaba consejos. Por su popularidad, el Bristol es mencionado, entre otros escritores, por García Márquez en «La hojarasca» y «El amor en los tiempos del cólera», así como en sus memorias «Vivir para contarla». Y es que, además, incluía datos religiosos cristianos y cómputos eclesiásticos como fechas de las témporas, las fiestas móviles y el santoral completo para cada día del año. 

De ahí se valieron los Ángeles Ñiquen para extraer los nombres de sus hijos. A una la iban a bautizar como Juana Francisca Frémyot de Chantal, porque el día que nació, 21 de agosto, el Bristol lo registraba así. Se salvó por la crítica de los hermanos mayores que los obligaron a deponer esa costumbre. Doña Juana Francisca Frémyot baronesa de Chantal (Dijón, 23 de enero de 1572 – Moulins, 13 de diciembre de 1641), fue una santa religiosa y mística francesa, cofundadora de la Orden de la Visitación de Nuestra Señora. Al final, la hija se quedó como Francisca Fremiot Ángeles Ñíquen, quien en 1968 se convirtió en una de las primeras profesionales del lugar luego de egresar de la Universidad Nacional de Trujillo con el título de Profesora. En 1992 fundaría en Ciudad Eten el Colegio “Santa Rita de Casia”, que hoy ya tiene 30 años. Ella, junto a sus hermanos mayores Pablo Makario, Francisco Solano, Rómulo, Gregorio, Rogelio, Manuel Mausoeto, Berner Ertan y Manuel Flamidiano, ya descansan a la diestra del Señor. 

Ciudad Eten es cuna de artesanos que la han encumbrado como la Capital del Sombrero al confeccionarse allí el Sombrero más grande del mundo; héroes como Pedro Ruiz Gallo y Francisco Pinglo Chunga; reconocidos músicos que allí han crecido y se han inspirado como José Escajadillo; destacados intelectuales, cuyos libros son reflejos de la vida de este lugar. Vale mencionar los relatos de Augusto León Barandiarán y Rómulo Paredes en «A golpe de arpa» (1935) y de José Barragán Carvallo, en “Páginas de oro lambayecanas” (1965); y, sobre todo, es una tierra sagrada, tras la aparición del Niño Jesús en la hostia consagrada hace 372 años. Desde la Parroquia Santa María Magdalena, gracias al sacerdote Eleuterio Vásquez Gonzales, Padre “Lute”, se busca que Eten sea considerada por el Vaticano como Ciudad Eucarística.

La “escuelita” de las señoritas

En los años cincuenta, cuando el papá, don José Mercedes Ángeles Ésqueche llegó a ser alcalde de Ciudad Eten, no existían los jardines de la Infancia pese a haber transcurrido 20 años de su fundación en el Perú. En su vivienda, una amplia casona en la que habitaban, en la esquina de la avenida 8 de octubre y Pedro Ruiz, sus hijas, las señoritas Ángeles, la convirtieron en una escuelita para que los niños de bajos recursos aprendieran las primeras letras. Más de 200 niños egresaron sabiendo el abecedario y algunas palabras. 

Cada pequeño llevaba su banquito o allí se lo proporcionaban y desde el primer día de clases, de las primeras horas de la mañana hasta el mediodía, ya podían dibujar los palotes en sus cuadernos o, en todo caso la primera letra del abecedario. Muchos llegaron a ser grandes profesionales. Alguno, como el hoy ingeniero Germán Puican Zarpán, fue alcalde de la ciudad. Cuando ocupaba tan importante cargo recordó la vez que la educación y orientación de la infancia le permitieron ser lo que es y reconoció públicamente, en ceremonia en el parque principal, con resolución y diploma, la labor de sus maestras. 

Por las tardes, Maura y Albina se dedicaban a tejer. Y lograron elaborar paños, manteles y sombreros, costumbre ancestral del lugar, muchos de los cuales aún conservan. Y mientras la escuelita funcionaba en casa, en 1965 María Fusca inició estudios de enfermería. Fue becada al extranjero y demostró ser una de las mejores profesionales en su rama, en la posta médica de Salud en Monsefú, 4 kilómetros al norte de su lugar de residencia, donde muchos pacientes aún la recuerdan. Cuando se jubiló, en 1995, los hermanos mayores y ella decidieron que sus hermanas dejaran de lado la escuelita y el tejido y descansaran de los tantos años de enseñanza de las primeras letras. María Fusca estableció una librería, negocio que, aparte de su pensión y el apoyo de sus hermanos, les permitió mantenerse con la venta de libros, cuadernos y demás. El negocio también era atendido por su hermana María Albina. Es decir, nunca dejaron las letras. Y, aparte de los quehaceres de casa, por las tardes se reunían y aún reúnen para llenar los crucigramas, tranquilamente sentadas en los muebles ubicados en su amplia sala de 5 metros por 4; una habitación que para llegar a la puerta de la calle 8 de Octubre, solo la divide una mampara. En este salón se observa un cuadro con la fotografía de sus padres. La esquina, donde las tres se sientan, la preside la imagen de la Virgen de Guadalupe, traída desde México. En la otra esquina, un televisor de 32 pulgadas; y en una de las paredes, fotos de sus seres queridos que partieron y a quienes rinden tributo. En el comedor están las fotografías de los sobrinos nietos de esa gran familia, muchos hoy ya jóvenes o adultos.

Las palabras cruzadas

Para resolver sus crucigramas, cada una de las tres Marías ha creado su propio léxico, escrito a mano en libretas o cuadernos, en los que registran las palabras que encuentran y el significado que les resulta al llenar los espacios de las letras cruzadas; palabras y significados que no han hallado en su diccionario de bolsillo, porque no usan un índice especializado de la Real Academia Española de la Lengua. Les pregunto: ¿Cuál es la palabra más difícil que hayan encontrado por resolver? “Todas son difíciles”, me responden, aludiendo a que cada palabra tiene su propio contenido, no solo formal sino del sentido o la interpretación que se le pretenda dar; al menos, en un crucigrama. Los diarios a los que acuden traen crucigramas con palabras no muy triviales pero que tampoco las obliga a consultar la enciclopedia. El castellano es un idioma agradecido para estos juegos. Además, las señoritas nunca han participado de los concursos de dinero o artefactos que algunos crucigramas ofertan. Los llenan por pura diversión y entretenimiento y porque con eso, además, llenan el mucho tiempo que tienen; paradójicamente, del poco que les resta de vida.

Fallecidos sus padres, nuestros tres personajes encontraron la forma de pasar el tiempo. Hasta hoy, Albina aún madruga a esperar la lechera, de los porongos en los que se distribuye la leche de vaca, y recibir el pan para el desayuno. Maura cocina el almuerzo diario. A sus 95 años y pese a lo débil de su contextura, su conocimiento gastronómico y arte culinario, hacen de los platos una delicia. Y Mary, “la joven”, atiende la librería, hoy a medio abrir desde hace meses por la pandemia. Ahora ayuda a limpiar la casona. Eso sí, cada año, entre enero y febrero, nunca dejan de celebrar sus cumpleaños, solas o con algunos familiares cercanos a ellas. 

Antes de la cuarentena, iban a misa de padre “Lute” a las 7:30 de la mañana, todos los domingos. Ahora la siguen todos los días a partir de las 8:00 am por la tele o en el Facebook, a través del celular de María Fusca, quien a la fuerza aprendió a manejar el móvil para comunicarse con su familia lejana. Por las tardes toman los periódicos y tras leerlos resuelven sus crucigramas. La facilidad o dificultad para llenarlos dependerá de qué tantos conocimientos manejen para cubrir los cuadraditos. Pero, como hemos dicho, ellas tienen su propio estilo y su propio diccionario, cuyas libretas o cuadernos pequeños, se han deteriorado de tanto manipularlos y han pasado en limpio, de puño y letra, como una de las tareas que obligaban a cumplir, años ha, a sus decenas de alumnos. 

Se diría que a las tres Marías las palabras habladas y más las escritas, las han ayudado a mantener despiertas sus neuronas, para recibir, procesar y transmitir información, dada la lucidez que aún demuestran. De vez en cuando se sientan a la mesa para jugar bingo. María Fusca canta fuerte los números. Por su avanzada edad, Maura y Albina apenas escuchan, pero sí me cuentan sus anécdotas familiares y vecinales y recuerdan nombres, apellidos y apodos de quienes las vivieron. Por las noches, tras el lonche con su pan y tres tazones de avena, las tres Marías conectan la televisión, de 6:00 a 8:00 pm, para actualizarse de los acontecimientos y solo en el canal estatal. Y los comentan. Eso también las ayuda a resolver preguntas de algún crucigrama. Después, las tres hermanas se van a dormir, esperando el siguiente día que, en estos tiempos, al parecer será el mismo de ayer. O, quizá, de todo el año que pasó.

Larcery Díaz Suárez

Crónica publicada por el Semanario Expresión, de Chiclayo, jueves 10 de febrero de 2022.

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