Un paseo por La Habana o crónica de Cuba (Primera parte)

En esta primera entrega pretendo narrar “todo lo bueno”, que ocho chiclayanos, entre ellos este escriba, encontraron en reciente visita a Cuba. Una segunda y próxima entrega describirá la crítica realidad económica y social por la que atraviesan los habitantes de la isla en su vida cotidiana.

Desde el aparcamiento del avión, el hangar de recepción y toda su infraestructura de rojo, nos recibe un panorama sombrío. Esto cambia ante la buena atención de las responsables de inmigración. La oficial que me atiende recibe mi pasaporte. Me fijo en la tersura morena de su rostro y en sus ojos negros que parecieran hablar. Revisa el documento y, con delicadeza, me da la bienvenida a Cuba, con esa voz canora que por primera vez escucho en la isla.
Del aeropuerto enrumbamos a nuestro hospedaje, en el Municipio El Vedado. De lejos divisamos el monumento a José Martí (político, periodista, poeta, apóstol de la independencia), con cerca de 142 metros de altura, que se yergue en la Plaza de la Revolución, de 72,000 metros cuadrados. Llama la atención la mundialmente conocida imagen del Che Guevara, tomada por el fotógrafo Alberto Korda, ubicada en relieve escultórico en el edificio del Ministerio del Interior. A su costado, en similar relieve, la imagen de otro héroe, Camilo Cienfuegos. Cantidad de turistas tienen a este lugar como punto obligado.
Nuestro hospedaje, cerca de los famosos hoteles Riviera y Meliá, está a metros del Malecón habanero, amplia avenida con un larguísimo muro de 8 kilómetros en la costa norte de la capital cubana, Patrimonio de la Humanidad, por la Unesco y convertido en lugar de encuentro más visitado.
En el Malecón habanero, los cantores, en grupos, alegran a los turistas. A cambio de una propina, repiquetean el son cubano. Además, desde esta estructura se disfruta de un atardecer pocas veces visto en otra parte del mundo. La puesta del sol (sunset) se da a eso de las 7:00 de la noche. Tras el abrazador sol y calor del día cubano, uno se sigue refrescando de la brisa.

La Habana Vieja

En cada esquina o mitad de cuadra de la calle Obispo, en la Habana Vieja, alguien toca, canta y baila, desde el inicio de nuestro recorrido por el centro de la ciudad, hasta el mismo malecón. En 1982, la Habana Vieja también fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Previamente, te solazas con la vieja o renovada arquitectura del parque central, la estatua en honor a Martí, los grupos hoteleros, restaurantes o casas particulares convertidas en centros de venta de artesanía. Admiras el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso y el Museo Nacional de Bellas y el Capitolio Nacional, uno de los iconos arquitectónicos de esta capital.
Todo es fotografiable; de un registro único y para la posteridad.
La calle Obispo es el boulevard más largo de La Habana. Su nombre viene de 1936, pero fue diseñada en 1519. Las tiendas, restaurantes, lugares de venta de artesanía, librerías, museos, antiguas farmacias y la bella arquitectura de casas y edificios, la convierten en uno de los sitios más imprescindibles de la ciudad. Allí ves circulando a decenas de extranjeros. Y sientes pura música: orquestas de hombres y mujeres con todo tipo de instrumentos, en restaurantes al paso.

Para poetas, periodistas y otros intelectuales, hay sitios referentes de los famosos como el célebre escritor y periodista norteamericano Ernest Hemingway. Acostumbraba visitar con regularidad “El Floridita”, un bar y restaurante que funciona desde 1817 y que se hizo mundialmente famoso gracias al autor de “Por quién doblan las campanas” y “Fiesta”. En una de las paredes de “La Bodeguita del Medio”, escribió de su puño y letra: «Mi mojito en La Bodeguita, mi daiquirí en El Floridita». O el hotel “Ambos Mundos”, que ganó fama internacional cuando se convirtió en el «primer hogar» en Cuba de Hemingway. Residió de 1932 a 1939. Su habitación se conserva como la dejara el autor de “El viejo y el mar” y funciona como un pequeño museo.
Los dioses Babalu Ayé, Changó o Shangó (Santa Bárbara), que alguna vez escuchamos de la cantante Celia Cruz, siguen siendo representados por las santeras, morenas vestidas de blanco, con sus puros en la boca, apostadas cerca de la Catedral “leen” el destino de los turistas que más se acercan para hacerse una foto, para lo cual ellas también cobran.

Al salir de la calle El Obispo tuvimos una sorpresa: el “Norwegian Sun”, un crucero aparcado en el muelle de La Habana con capacidad de 1,936 pasajeros (2,400 máximo).
Allí hubiéramos querido estar. Pero fuimos a Varadero, a 130 kilómetros al este de La Habana. Cuenta con la mejor playa de Cuba y una de las mejores playas del mundo, Playa Coral. Aparte de otros atractivos turísticos y sobre todo artísticos, aquí se encuentra la casa de veraneo de Al Capone (Al Cara cortada Capone) famoso gánster estadounidense de los años 20 y 30. Muchos cubanos no admiten que allí viviera Al Capone porque no quieren relacionar la moral de esos años con la de hoy.
Todas las noches se celebra la Ceremonia del Cañonazo, la tradición más antigua de la ciudad. Soldados marchan en redoble vistiendo un uniforme similar al que usó el Rey de España, Carlos III, quien ordenó construir la fortaleza, entre 1773 y 1774, en el malecón, para defender a la bahía de los ataques de corsarios y piratas. Hoy es un atractivo turístico.

Cajamarquina en Cuba

Madre Consuelo Peña Estela llegó a La Habana en diciembre del 2012, para hacerse cargo del Hogar Asilo Santovenia, de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, ubicado en la zona el Cerro que, como municipio, alberga algunos de los peores barrios de la capital cubana. Peores por su situación habitacional, convertida en “ciudadelas y ruinas” y el hacinamiento domiciliario. Pero el Asilo es una de las instituciones más respetadas por los cubanos.
Madre Consuelo me cuenta que cuando niña, en Cajamarca, sus padres la llevaban a misa. Ella se acercaba para ayudar a las hermanas que atendían a los ancianitos. Estudió enfermería pero decidió entregar su vida al Señor, por lo que en Lima desarrolló sus nueve años de formación, dos de noviciado, dos de postulantado, seis de juniorado y finalmente obtuvo los votos perpetuos.
Posteriormente cumplió su labor en Oruro, Bolivia, donde permaneció año y medio. Retornó a Lima para servir tres años. Después fue a México DF por tres años y de allí a Santo Domingo. Retornó a México al estado de Yucatán, en el que estuvo 20 años.
En México conoció a la chiclayana Cecilia Cabrejos Silva, doctora en Derecho Internacional, que ejerce en el Distrito Federal y quien, a través de la fundación Mira Por Ellos que dirige, apoyó la labor a los ancianitos. Sor Consuelo fue enviada a La Habana, Cuba y a donde, con nuestra anfitriona, la doctora Cabrejos, acudimos también, desde Chiclayo, llevando ayuda.
Según el historiador y anticuario cubano José Antonio Sánchez Ávila, el Asilo Santovenia era conocido como “La Quinta del Cerro”, una vivienda palaciega y de recreo propiedad de los Condes de Santovenia. Fue construida entre 1832 y 1841 por Manuel Eusebio Martínez de Campos, Conde de Santovenia, en la Calzada del Cerro, el barrio de lujo habanero del siglo XIX. Es uno de los conjuntos más importantes, sino por la riqueza de su arquitectura, sí por su misma historia y extensión. Los condes de Santovenia la pusieron en venta, y fue adquirida en 1886 por los albaceas de Susana Benítez de Parejo (fallecida en Madrid en 1885, dejando esta encomienda entre sus Actos de Última Voluntad) para ser convertida en lo que es, con una capacidad de 200 camas, siendo atendido hasta hoy por las Hermanitas de los Ancianos Desamparados.
Es el único de su tipo en Latinoamérica. “La pulcritud de sus instalaciones, la excelencia de la atención a los ancianos y su dedicación y esmero en mantener todo a nivel de excelencia no tiene igual dentro de Cuba, a pesar que desde hace años tiene escaso o ningún apoyo gubernamental. Sí cuenta con donaciones de particulares y de la Xunta de Galicia y los gobiernos Autónomos de Asturias y Canarias, quienes han provisto al asilo hasta de vehículos automotores y ambulancia propia. Y, como si todo lo anterior no fuera suficiente, en 1998 el Asilo abrió el comedor ‘Betania’, que brinda alimentación a muchas personas que no residen en el centro”, dice el historiador Sánchez.
Madre Consuelo cuenta que unas ocho hermanas y 130 empleados se dividen en tres turnos para la atención de 500 ancianitos, unos 360 de planta y 140 externos. “Es el cupo, a pesar de que mucha más gente pide ayuda que lamentablemente ya no se le puede brindar. Nosotras recibimos la ayuda de todos los que quieren hacerse presentes. La Embajada de España siempre lo hace, así como otras instituciones y personas del lugar o de otros países, que cada año pueden llevar alimentos o productos de limpieza, lo que más falta hace. La providencia nunca falla”, remarca.
El padre de la hermana Consuelo ya falleció y aún tiene viva a su madre, Aurelia Estela Gonzales, quien vive en Cajamarca y con quien se comunica al tiempo por la dificultad para hacerlo desde Cuba. Y aunque cada cuatro años viene a Perú, “en la oración siempre estamos presentes. Y el Señor dice que si nosotros cuidamos de sus cosas, entonces Él también cuida de las nuestras”.

A nuestra salida, en la zona de Cerro, nos invitó a almorzar una modesta familia (como las que ya hemos dicho allí residen, en una vecindad de diez pequeños departamentos), integrada por Yuleyssi Rodríguez, su hija Mora y los hijos de esta, Hanser y André. Encontramos a este último, de 8 años, con sus amigos Edison, James y Jamel. Su distracción: jugar en el patio de la vecindad a las bolitas (canicas), que en Perú jugábamos hace más de 60 años.
Los contemplaba, cuando de una de las casas apareció un niño de 9 años con muletas, su pierna derecha cortada y todo de blanco. Disimuladamente le hice una foto cuando venía. Uno de los niños me advirtió luego: “No le vayas a tirar una foto porque es un santo”. Sorprendido, consulté después. Los padres lo elevaron a la categoría de “santo” porque el niño “volvió a nacer” luego que le cayera una pared que casi lo sepulta y por lo que le cortaron la pierna. Profesan a Oshun, una de las deidades de la religión yoruba. En la santería sincretiza con la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba. Señalan que el niño no puede ser fotografiado hasta después de que cumpla un año con la vestimenta blanca. Pero ya le había “tirado” la foto.

Conexión con México

A través de nuestra anfitriona, la chiclayana Cecilia Cabrejos, el embajador de México en Cuba, Enrique Martínez y Martínez, nos invitó a participar en la ceremonia de la Independencia mexicana que el año pasado no se celebró porque la naturaleza castigó, tanto a México como a Cuba, con el paso del huracán Irma.
“Hoy, afortunadamente, nuestros países se han ido recuperando de la tragedia y es momento de que volvamos a dar paso a la celebración del tradicional Grito de Independencia”, dijo el diplomático mexicano en su residencia, en los 108 años donde el padre de la patria, Don Miguel Hidalgo y Costilla y el generalísimo Morelos, “dieron a nuestro país la oportunidad de vivir como un país libre, lleno de esperanzas y de expectativas, deseosos los mexicanos de ser autónomos y de construir una nación, como lo hemos hecho hasta hoy”.

Vibrante espectáculo

Con tripulantes del crucero y con todos los ritmos cubanos, nos encontramos en un espectáculo del Cabaret Parisien, del Nacional, uno de los hoteles clásicos y emblemáticos de La Habana por su lujo, elegancia, distinción y servicios de primera clase. También es Monumento Nacional, declarado Memoria del Mundo por la UNESCO.
El renombrado escritor cubano Alejo Carpentier se refirió al edificio como “castillo encantado”. Lo visitaron ilustres personalidades del arte y la literatura como Johnny Weissmüller, Buster Keaton, José Mojica, Jorge Negrete, Agustín Lara, Rómulo Gallegos, Marlon Brando y Ernest Hemingway. Asimismo, personalidades de la política y la ciencia, como Winston Churchill, los duques de Windsor, el científico Alexander Fleming, incontables jefes de estado y monarcas europeos y célebres representantes de la mafia ítalo-norteamericana como Santo Trafficante, Lucky Luciano y Frank Costello. En diciembre de 1946 el hotel fue escenario de uno de los más cruciales encuentros de los capos mafiosos de EEUU y de los que se ocupaban de sus negocios en la Isla.
El show dura dos horas; es vibrante, intenso, con bailarines y músicos de primer nivel. Está inspirado por las raíces españolas y africanas de la cultura cubana. Están presentes del bolero al danzón, pasando por la salsa y los ritmos afrocubanos que también disfrutamos en nuestro país. (Larcery Díaz Suárez).

Esta primera crónica fue publicada en el suplemento Dominical del diario La Industria de Chiclayo, el 16 de diciembre del 2018.

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