Una de las campanas de Ciudad Eten ha sido declarada Patrimonio cultural de la Nación, junto con otros 65 bienes de la Diócesis de Chiclayo. Dicha campana data de 1669; y, al parecer, habría sido la que hace 377 años repicó ante tan portentoso milagro. Cabe recordar que la historia de las campanas de Eten ganó el Premio Nacional de Periodismo «Cardenal Juan Landázuri Ricketts» en setiembre de 2013.

Reproducimos aquí la historia:
BENDECIRÁN CAMPANAS:
Repicaron hace 364 años en la aparición del Niño Jesús
El próximo domingo 1 de setiembre, luego de la misa de las 7:30 de la mañana, serán bendecidas dos renovadas campanas del templo de Santa María Magdalena, en Ciudad Eten, en una de las cuales se ha descubierto que data de 1669; es decir, de 20 años después de la primera aparición del Divino Niño en la Hostia Consagrada y que, al parecer, habría sido la que hace 364 años repicó ante tan portentoso milagro.
Varias semanas le han llevado al R.P. Eleuterio Vásquez Gonzales – “padre Lute”, como amigablemente le llaman los fieles-, refaccionar la nave y exteriores de la iglesia Santa María Magdalena de esta localidad, también conocida como “la Tercera Ciudad Eucarística del Mundo”.
Así, al descolgar las campanas de bronce, con el fin de refaccionarlas para que su sonido se escuche mejor, se dio con la sorpresa que éstas eran antiquísimas. La admiración fue mayor cuando el personal del taller de mecánica de Walther Isique comenzó por limpiarlas y pulirlas, en una de ellas apareció la siguiente inscripción: “Soy reformada por la Municipalidad de San Martín de Requeen, el 11 de noviembre. Año del Señor de 1669. Me hiso (sic) Rufino”.
Las hipótesis de los entendidos en la historia de Ciudad Eten, como el profesor Eduardo Cumpa, estiman la posibilidad que esta campana estuvo en la antigua iglesia de Ciudad Eten, justo en el momento de las apariciones del Divino Niño del Milagro; después fue llevada para su refacción al vecino distrito de Reque; y en el taller del señor Rufino fue “reformada”; al punto que en el bronce, al lado de un crucifijo, aún se observa la figura de un obispo y su toca o prenda de tela con que se cubría la cabeza; tal como aún se representa a San Martín de Thours, el santo patrón de Reque. Sin embargo, no hay documentación específica que fundamente esta hipótesis.
EL CONSTANTE REPÍQUE
Tal interrogante se suma a la leyenda del Cerro Las Campanas, que aún circula en esta población. En uno de los cerros de arena o médanos de Eten, se veían dos grandes piedras que golpeadas con un martillo tenían vibraciones de campanas. Se dice que los ángeles repicaron en dichas piedras, imprimiéndoles el sonido metálico; hasta que, a fines de 1800 fueron dinamitadas en la creencia que allí había oro.
Sea como fuere, durante muchísimos años y a través de códigos especiales en sus sonidos, que ya conocía la comunidad, el repique de campanas en Ciudad Eten siempre sirvió no solo para llamar a misa, matrimonios, o bautizos, en esta población altamente religiosa, sino para situaciones de emergencia, como los continuos desbordes del caudaloso río, que, a pesar de ello, en repetidas oportunidades causó serios estragos en la población. Ello, hasta que, a comienzos de los años 70, el repique fue prohibido por el párroco Feliciano Muñoz, porque muchas veces los pobladores eran alarmados sin que se produzca inundación alguna.
La historia de las campanas en Ciudad Eten se remonta así, a cerca de 400 años, a inicios de la colonia, junto con la evangelización del catolicismo traído por los padres franciscanos cuando llegaron a esta población que, primitivamente estuvo asentada a orillas del mar desde que, según la leyenda, una tribu mochica llegó a las playas de esta tierra, precisamente donde existe la hoy sepultada capilla del milagro y allí fundaron su pueblo llamado “Aeten” o ”Atín”, es decir “al amanecer, o muy temprano”, según la lengua mochica.
Según Cabello de Balboa, por este lugar apareció por el mar una caravana de balsas tripulada por muchos hombres que con sus familiares vinieron del norte. Los tripulantes, al ver que ya atardecía sin encontrar un lugar donde desembarcar, preguntaron a su jefe: Angas Nerren: Inis tuch?, que en su idioma mochica quiere decir “ya es tarde: adónde desembarcamos? El jefe le contestó: Inis Atín, atín aznerren, que quiere decir: “allí donde nazca el sol, allí desembarcaremos”. En efecto, al día siguiente, al amanecer y ver un hermoso cerro en las aguas turbias, exclamaron: ¡Amaneció! ¡Amaneció! Todos desembarcaron en la desembocadura de un tormentoso y ancho río. Posteriormente todas las familias de los primeros etenanos se posesionaron de este inmenso y riquísimo valle, levantando chozas y procediendo a construir elevadas huacas de adobe para la adoración de sus ídolos y para sus fortalezas.
La población se extendía desde el cerro llamado “de las campanas” (Morro de Eten) hasta 6 kms. al noroeste del mar.
En Tradiciones Peruanas, Ricardo Palma se refiere a esta zona: “Magdalena de Eten es en el Perú uno de los pueblos que más han llamado la atención de los viajeros; pues a alguno se le ocurrió, en comprobación del origen asiático de la América, afirmar que los etanos, como ellos se dicen, o etenanos, como más generalmente se les llama, hablan la misma lengua que los hijos del Celeste Imperio. Tal fábula llegó a ser tomada como realidad por todos los que no han querido hacer una investigación. La verdad es que los etanos son hoy los depositarios de la lengua y tradiciones de los antiguos yungas y que cifran su orgullo en permanecer leales a su origen. Aunque la lengua yunga era en un tiempo hablada por numerosos pueblos, así los conquistadores cuzqueños como los españoles se empeñaron en hacerla desaparecer. Por lo demás, no hay semejanza entre el yunga y el chino”.
Magdalena de Eten –añade Palma- es un pueblecito de pescadores y tejedores de sombreros, petaquillas y otros artefactos de paja. Hállase situado en un arenal, y en una época de amagos piráticos el virrey ordenó a sus habitantes que abandonasen la plaza para no ser forzados a proporcionar víveres a los enemigos o víctimas de alguna violencia. En ningún cronista hemos visto comprobada la noticia que en su Diccionario Geográfico del señor Paz-Soldán de haber sido destruida la población por la arena.
En 1649, gobernando el Perú el virrey conde de Salvatierra, aconteció en Eten un prodigio sobre el que se levantó sumaria información, que Córdova y Salinas copia en su crónica franciscana. “Fue el caso que la víspera de Corpus el cura fray Jerónimo de Silva Manrique y las quinientas almas que formaban el vecindario de Eten vieron en la Hostia divina la imagen de un niño muy rubio con una tuniquilla morada. Don Andrés García de Zurita, obispo de Huamanga y a la sazón electo para Trujillo, ordenó se conservase la Hostia en la Custodia hasta que él pudiera ir a Eten y celebrar su suntuosa fiesta.
En uno de los cerros de arena o médanos de Eten vense dos grandes piedras, que golpeadas con un martillo, tienen la vibración de las campanas. Los etanos, para encarecer más el prodigio de la aparición del Niño, dicen que cuando ésta se verificó los ángeles repicaron en dichas piedras, imprimiéndoles el sonido metálico que hasta hoy tienen. Las dos piedras son conocidas con el nombre de las campanas de Eten”, añade Ricardo Palma.
LA PRESENCIA DEL NIÑO DIOS
Efectivamente, el miércoles 2 de junio de 1649 convirtió a Eten en una ciudad eucarística ante la primera aparición del Niño Dios en la Hostia Consagrada. Fray Diego de Córdova, de la Orden de San Francisco, refiere la declaración de muchos testigos, que un día antes del Corpus, en el pueblo de la Magdalena de Eten, “habiéndose dicho las vísperas con gran solemnidad y descubierto el Santísimo Sacramento y colocada en su Custodia sobre el Sagrario; al tiempo que el padre predicador Fray Jerónimo de Silva Manrique, religioso de la misma Orden, cura y vicario de dicho pueblo, subió al altar Mayor para guardar la Custodia en el Sagrario, se dio la aparición visible, en la misma Hostia consagrada una figura del Niño muy hermoso de medio cuerpo para arriba, que distintamente fue visto por dicho padre Vicario y de todo el pueblo que estaba congregado en la iglesia; el Niño estaba vestido con una vestimenta como morada, siendo el círculo de la Hostia muy blanco de manera que había distinción de un color a otro y los cabellos tenía partidos por la frente, la mitad de un lado y la mitad de otro, rubios, que le llegaban cerca de los hombros, la cara y carnes de cuerpo humanos, que hacía distinción de la hostia”.
Agrega que todo fue visto clara y distintamente de todo el pueblo, hombres y mujeres, que movidos de devoción y gozo espiritual, las rodillas en tierra, daban gritos y voces, derramando muchas lágrimas, pidiendo misericordia al Señor y dando las gracias que se hubiese dignado visitarles con tantas demostraciones.
En esta declaración, que lleva la firma de Fray Diego Córdova aparecen las campanas, una de las cuales, hoy refaccionada, tal vez sea la que este domingo se bendecirá. “Los músicos cantaban y tocaban las chirimías y trompetas y repicaban las campanas y todos aquellos de los alrededores y los pueblos se han llenado de alegría y gozo con deseos y afectos a la mayor veneración al Santísimo Sacramento; y a todas las partes ha llegado la fama de tan grande maravilla”.
La segunda aparición del Divino Niño se dio el 22 de julio del mismo año. “Después de haber constado que la aparición del Señor en la Hostia Consagrada fue real y verdadera, el Padre Presidente del convento de Chiclayo Fray Marcos López, habiendo ido a dicho pueblo de Eten a celebrar la fiesta de la Magdalena el 22 de julio del año 1649, después de la procesión, curioso y deseoso de certificar la maravilla pasada, llamó a los padres predicadores Fray Jerónimo de Silva Manrique, Fray Tomás de Reluz y Fray Antonio Crespo y los llevó a la iglesia, la cual estaba cerrada y las ventanas también, y entre los cuatro abrieron el sagrario y sacaron al Santísimo Sacramento y lo colocaron sobre un sitial con las mismas velas encendidas que siempre había tenido y al mismo instante, apareció por segunda vez un niño como de media talla de bulto, que parecía de carne y que salía casi fuera de la hostia, el cabello lo tenía partido y de la frente hasta las orejas liso y de allí para abajo está crespo, haciendo dos o tres ondas, y que la distinción del hombro era notable, porque el cabello que caía por delante no cubría el de atrás y así se divisaban ambos hombros, los cuales estaban cubiertos con una túnica morada como de tafetán tornasol y llegaba dicha túnica cerca de la garganta y que debajo parecía tener una camisa de lienzo que hacía distinción de pecho, la cual no remata abajo sino a la mitas del pecho con camiseta de indio natural”.
Para la tercera aparición, dudaron al principio los religiosos de la formación de la cara, porque solo aparecían los cabellos hasta que advirtieron que tenía el rostro envuelto y torcido hacia el lado de la epístola y los religiosos estaban al del Evangelio; les causó tristeza la postura del rostro. Bajaron temerosos el Santísimo Sacramento al plano del altar y al punto aparecieron en la hostia tres corazones blancos unidos entre sí.

LAS ANTIGUAS CAPILLAS
Según refirieron quienes atestiguaron los milagros concedidos por el Niño Jesús, en setiembre de 1773 el señor Manuel del Castillo navegaba en un barco velero. Tras atravesar el estrecho de Magallanes, el día 14 se levantó tremenda tempestad. Los tripulantes y pasajeros carecían de medios humanos para salvarse, sus fuerzas desfallecían tras dos días y noches seguidas de angustia y desesperación, pues la braveza del mar continuaba.
Puesto de rodillas, Del Castillo levantó los brazos al cielo y pidió fervorosamente al Divino Niño que calmara aquella tempestad. En su oración ofreció construir una gran capilla, muy cerca al sitio donde apareció en Ciudad Eten. Casi terminada la oración la tempestad calmó al instante. El milagro ocurrió el 16 de setiembre y Del Castillo cumplió su promesa.
Tras haber abandonado la población, los mismos etenanos construyeron una capilla muy cerca a la primera, a orillas de la playa, para mantener allí la imagen del Divino Niño y luego, al celebrarse la fiesta patronal en su honor, llevarlo a la ciudad para rendirle homenaje y pasearlo por las principales calles.
Sin embargo, las fuertes lluvias torrenciales hicieron que la segunda capilla quede deteriorada, construyéndose una tercera que lleva el nombre de Santuario “Divino Niño del Milagro”. Bajo este santuario y a sus alrededores se han encontrado los vestigios de la primera capilla.
En 1750, cien años después del portento, por motivos que se desconocen y que, en efecto, algunos aducen a las fuertes tempestades de arena, la población de Ciudad Eten se trasladó al lugar que hoy ocupa, donde los franciscanos levantaron el templo de Santa María Magdalena. Hasta allí no sólo llevaron las campanas sino también una enorme puerta de esa época, con broches de bronce que también hasta ahora permanece.
Sin embargo, el tiempo deterioró el antiguo edificio. En 1908 el techo de la nave se derrumbó. El templo fue refaccionado, conservando sus mismas características; pero en 1970, ante un proyecto del padre Feliciano Muñoz Aguar, a esta infraestructura se la trajeron abajo. Se trataba de levantar un templo remozado.
Al hacerse cargo de la Parroquia, en 1974, el R.P. Emigdio Sandoval Guevara, siguió el proyecto de dos arquitectos, los Hnos. Marquina Odar y dirigido por el ingeniero Francisco Suyón, bajo la mirada del maestro de obra Alejandro Salazar Castro, presidente del Comité Multisectorial. El 30 de marzo de 1975 se colocó la primera piedra y el domingo 10 de abril de 1977, el obispo de Chiclayo, monseñor José María de Orbegoso y Goicoechea la puso al servicio del pueblo.
Treinta años después, el padre Santiago Gonzales Gamonal (actual párroco en Motupe), inició la reparación del templo, dándole brillo especial al nuevo altar. Hoy, bajo la gestión del padre Lute, se continuó con la reparación. Esta vez con un descubrimiento espectacular: el de las campanas que quizá fueron las que repicaron desde la primera aparición del Divino Niño.
Pero aún permanece sepultada la capilla Santa María Magdalena de Eten, bajo cuya nave, según la tradición, apareció el Niño del Milagro. No obstante, este sigue siendo un trascendental espacio arqueológico colonial, que simboliza parte esencial de la memoria colectiva Muchik. Un reciente proyecto, dirigido por el arqueólogo Jorge Alberto Centurión, trató de recuperarlo, pero al parecer por motivos extra culturales, su accionar quedó trunco.
Los restos de la antigua capilla, se hallaban sobre una terraza de arena cubierta en gran parte por grama salada. Su entorno natural estaba constituido por dunas de arena eólica y de mar, así como por los humedales formados por la desembocadura del río. Allí se buscaba recuperar la mayor cantidad de evidencias culturales en inminente peligro de desaparición, que permitiera un cabal conocimiento de la historia de la capilla, pues el espacio que ocupaba era un terreno baldío, donde sólo se apreciaba una mínima parte de la bóveda o torre y la cabecera de unos muros.
En esta zona, la Diócesis de Chiclayo tiende a convertir al distrito de Ciudad Eten en un agente evangelizador del mundo, en una real ciudad eucarística, a partir de la construcción de un Santuario y la construcción del Convento de Religiosas con Carisma de la Eucaristía; e incluir en el Calendario Litúrgico Católico al “Niño del Milagro de Eten” como festividad religiosa nacional. (Larcery Díaz Suárez)
(Publicado por el Semanario Expresión, del 29 de agosto al 5 de setiembre de 2013. Págs. 30-31).


En la sede de la Conferencia Episcopal Peruana, luego de recibir el Premio Nacional de Periodismo “Cardenal Juan Landázuri Ricketts”. Vemos también a representantes del diario “El Comercio” y de RPP, que fueron distinguidos.
DATOS DE LA PREMIACIÓN




Deja un comentario