Pocas instituciones profesionales de Lambayeque han vivido una historia tan intensa como el Colegio de Periodistas. En sus 44 años de existencia, que celebra el próximo viernes 31 de julio, ha conocido momentos de entusiasmo colectivo, profundas discrepancias, importantes conquistas institucionales y etapas de reconstrucción que pusieron a prueba la fortaleza de sus dirigentes y de sus agremiados.

La historia del Colegio no puede entenderse únicamente como la sucesión de decanos o consejos directivos. Es, sobre todo, la historia de hombres y mujeres convencidos de que el periodismo constituye una profesión al servicio de la sociedad y que, por ello, requiere organización, principios éticos y permanente capacitación.

Hoy, cuando la institución celebra 44 años el próximo viernes 31 de julio, resulta oportuno volver la mirada hacia sus orígenes para comprender el camino recorrido y valorar el esfuerzo de quienes hicieron posible que el Colegio de Periodistas de Lambayeque llegue hasta nuestros días convertido en una de las organizaciones profesionales más representativas de la región.

Nicanor de la Fuente (Nixa), José Arana, Elías Pinglo y Glicerio García Campos, fundadores del Colegio de Periodistas de Lambayeque.

UN LARGO CAMINO

La organización gremial de los periodistas peruanos comenzó mucho antes de la creación del Colegio Profesional. En 1915 nació el Círculo de Cronistas de Lima. Trece años después surgiría la Asociación Nacional de Periodistas y, como consecuencia de diferencias internas, en 1945 se constituiría la Federación de Periodistas del Perú. Cada una de estas organizaciones representó un paso importante en la búsqueda del reconocimiento profesional del periodista peruano.

Ese proceso culminó el 1 de octubre de 1980, cuando el presidente Fernando Belaúnde Terry promulgó la Ley N.º 23221, que creó oficialmente el Colegio de Periodistas del Perú como entidad autónoma de derecho público, con fines éticos, culturales y sociales.

Sin embargo, en Chiclayo la institución comenzó realmente a funcionar dos años después, tras realizarse las primeras elecciones nacionales, en las que resultó elegido como primer decano nacional el reconocido periodista y escritor Mario Castro Arenas, figura ampliamente respetada por su trayectoria intelectual, cultural y su permanente defensa de la profesión.

Mientras en Lima se organizaba el nuevo Colegio Profesional, en Lambayeque también se iniciaban los trabajos para constituir el Consejo Departamental. Todo comenzó la noche del 7 de abril de 1982. En el entonces Círculo Departamental de Empleados de Lambayeque se reunieron los representantes de las tres principales organizaciones periodísticas existentes en la región: el Centro Federado de Periodistas, la Asociación Departamental de Periodistas y el Círculo de Periodistas Deportivos del Perú, filial Chiclayo.

Aquella comisión estuvo integrada por Jorge Quiroz Rodríguez, Jesús Alfonso «Fuco» Tello Marchena y José Enríquez Barco, quienes asumieron la responsabilidad de organizar el proceso de inscripción y precalificación de los futuros miembros del Colegio. El trabajo no fue sencillo. Había que revisar expedientes, acreditar la condición profesional de cada postulante y cumplir estrictamente con los requisitos establecidos por la ley. Durante varios meses la comisión desarrolló una labor silenciosa pero decisiva para hacer realidad la creación del Colegio en Lambayeque.

El 31 de julio de 1982 quedó inscrito como una fecha histórica para el periodismo lambayecano. Ese día, en el salón de actos de la Municipalidad Provincial de Chiclayo, se realizó la ceremonia de incorporación de los primeros periodistas profesionales al Colegio. Unos 76 comunicadores cumplieron los requisitos legales y recibieron oficialmente su diploma, carnet e insignia institucional.

El acto fue presidido por Ricardo Miranda Tarrillo, presidente de la Comisión Nacional Organizadora del Colegio de Periodistas del Perú, quien afirmó que con aquella ceremonia “en Chiclayo se empieza a escribir otra gran historia”.

Entre los primeros colegiados figuró el escritor Nicanor de la Fuente Sifuentes, “Nixa”, registrado con el número uno del padrón departamental, reconocimiento que simbolizaba su enorme aporte al periodismo y la literatura lambayecana.

Esa misma tarde, en la Biblioteca Municipal «José Eufemio Lora y Lora» se instaló el Comité Electoral encargado de conducir la elección del primer Consejo Directivo del Colegio. La participación fue ejemplar. De los 84 periodistas habilitados sufragaron 72, alcanzándose una asistencia del 85,7 %, cifra que reflejaba el entusiasmo con que la comunidad periodística asumía el nacimiento de su institución. Participaron dos listas: una encabezada por Glicerio García Campos y otra por José Arana Cuadra, figuras respetadas del periodismo regional. Al finalizar el escrutinio, García Campos obtuvo 44 votos, y Arana Cuadra 22.

Dos horas después, Glicerio García juraba el cargo. En su primer discurso formuló una invocación que con el paso del tiempo adquiriría carácter casi profético. Pidió “unión, fraternidad y trabajo para afianzar el prestigio en el desempeño de la honrosa profesión del periodismo”. Sus palabras reflejaban que, incluso desde el nacimiento del Colegio, ya existían diferencias internas que solo podrían superarse mediante el diálogo y el compromiso institucional.

Periodistas de la década de los ochenta, en un acto previo al desfile en el parque principal de Chiclayo.

PERÍODOS DIFÍCILES

Si los primeros años del Colegio de Periodistas de Lambayeque estuvieron marcados por el entusiasmo fundacional, las décadas siguientes representaron uno de los períodos más difíciles de su historia.

A finales de la década de 1990, tras el fallecimiento del entonces decano Manuel Herrera Portilla, surgieron diferencias que derivaron en la existencia de directivas paralelas. Durante varios años coexistieron interpretaciones distintas sobre la conducción institucional, situación que afectó el desenvolvimiento del Colegio y proyectó una imagen de división. Sin embargo, esa etapa también dejó una lección importante: ninguna institución puede sostenerse únicamente sobre el entusiasmo de sus fundadores. Necesita institucionalidad, respeto por sus estatutos y voluntad permanente de diálogo.

La reconciliación comenzó a gestarse en noviembre de 1999, cuando diversos dirigentes (entre ellos el autor de esta nota), decidieron privilegiar la unidad por encima de las diferencias personales. A partir de entonces se inició un lento proceso destinado a recuperar la institucionalidad perdida.

Después, uno de los aspectos más complejos fue la situación registral. Durante largos años no se efectuaron oportunamente las inscripciones de los Consejos Directivos elegidos, generándose un vacío documental que posteriormente tendría que ser regularizado ante la SUNARP, cuando el colega Baxter González Solano alcanzó el decanato en elecciones democráticas.

Más allá del aspecto administrativo, aquella experiencia permitió comprender que la fortaleza de una organización profesional depende tanto de sus ideales como del cumplimiento riguroso de las normas que garantizan su continuidad.

Portada del remodelado local institucional que celebra 44 años de su fundación.

LA CASA DE LOS PERIODISTAS

Si existe un símbolo material del Colegio de Periodistas de Lambayeque es su sede institucional ubicada en el jirón Colón 643, en pleno centro histórico de Chiclayo. Ese inmueble no llegó por casualidad ni fue producto de una donación espontánea. Constituye el resultado de años de gestiones, campañas y sacrificios. Con la primera directiva, se consiguió un local para iniciar la vida institucional. Posteriormente, durante la segunda gestión, se logró la adquisición definitiva del inmueble que hoy pertenece al Colegio.

Cada ambiente guarda parte de esa historia. En sus oficinas se desarrollaron incontables reuniones gremiales; en su auditorio se organizaron conferencias, cursos de capacitación, presentaciones de libros, ceremonias de colegiación, homenajes y debates sobre la realidad regional y nacional. Las paredes del Colegio conservan las fotografías de quienes contribuyeron a su crecimiento. Son imágenes que resumen cuarenta y cuatro años de vida institucional.

Allí permanecen los rostros de los fundadores, de los decanos que asumieron la conducción de la Orden y de los cientos de periodistas que, desde distintas responsabilidades, ayudaron a consolidarla.

Cuando en 1992 Larcery Díaz fue decano de la orden, otorgó a Nixa la Medalla del Colegio. Este año, Larcery Díaz nuevamente lleva el decanato.

DEFENSA PERMANENTE

El Colegio nunca ha limitado su labor a expedir colegiaturas. Su función principal ha sido defender el ejercicio ético del periodismo. Cada vez que un periodista ha sufrido amenazas, agresiones o limitaciones para desarrollar su trabajo, el Colegio ha asumido una posición institucional. También ha participado en debates sobre libertad de expresión, acceso a la información pública, legislación sobre medios de comunicación y protección de los derechos profesionales.

Esa defensa resulta hoy más necesaria que nunca. Las nuevas tecnologías han transformado la manera de producir y consumir información. Las redes multiplican la velocidad de circulación de las noticias, pero también de la desinformación. En ese escenario, el periodista profesional continúa siendo indispensable. No basta con publicar primero; es necesario verificar. No basta con opinar; es indispensable investigar. No basta con tener miles de seguidores; hace falta credibilidad, que se construye durante años, mediante el ejercicio responsable del oficio.

En estas cuatro décadas, el Colegio también ha desempeñado una función formadora. Por sus aulas han pasado jóvenes que buscaban actualizar conocimientos y profesionales experimentados interesados en comprender los nuevos desafíos tecnológicos. Se organizaron diplomados, seminarios, talleres, encuentros académicos con especialistas nacionales e internacionales.

La vida institucional también ha estado vinculada con la actividad cultural de Lambayeque. El auditorio del Colegio, hoy hermosamente remodelado bajo las dos últimas gestiones de la decana Rosa Chambergo Montejo, se convirtió en escenario para la presentación de libros, conversatorios, exposiciones fotográficas, recitales poéticos y conferencias sobre historia regional. Esas actividades fortalecieron el vínculo entre periodismo y cultura. No resulta extraño. Muchos periodistas han sido, al mismo tiempo, escritores, investigadores, historiadores, poetas o docentes universitarios. Esa tradición intelectual continúa siendo uno de los mayores patrimonios de la institución.

Celebrar 44 años también significa recordar. El paso del tiempo ha ido dejando sillas vacías. Muchos de los fundadores ya no están físicamente. Otros colegas fallecieron tras dedicar toda su vida al periodismo. Sus nombres forman parte de la memoria institucional: Nicanor de la Fuente, Glicerio García, José Aran, José Abad, Elías Pinglo, Manuel Herrera, Daniel Enríquez, Hubert Limo, Jorge Quiroz, los hermanos Teófilo y Humberto Quiroga Ramos; y docenas de quienes hicieron del periodismo una forma de vida. Cada uno escribió una parte distinta de la historia regional. Recordarlos no constituye únicamente un acto de gratitud. Es reconocer que las instituciones permanecen gracias al trabajo silencioso de quienes las construyen.

Una Clase Maestra ofrecerá, por los 44 años, Paola Paico Villanueva, Google Trainer certificada, una de las figuras más influyentes en innovación en el Perú. Será el próximo jueves 30 de julio a las 6:30 pm en el local del Colegio.

DESAFÍOS ACTUALES

Hoy el Colegio enfrenta retos diferentes a los de 1982. El periodismo vive una transformación sin precedentes. La irrupción de plataformas digitales, la inteligencia artificial, la automatización de procesos informativos y la crisis económica de muchos medios obligan a replantear la profesión.

Frente a ese escenario, el Colegio fortalece su papel como espacio de capacitación permanente, defensa profesional e integración gremial. La próxima visita del papa León XIV a Chiclayo constituye una oportunidad para demostrar nuevamente esa vocación de servicio. Entre los proyectos impulsados figura la implementación de un centro de apoyo para periodistas internacionales que cubrirán la visita papal, aprovechando la ubicación estratégica de la sede institucional y sus instalaciones.

Cumplir 44 años no significa únicamente sumar tiempo. Significa haber sobrevivido a las dificultades, aprendido de los errores, defendido principios, formado periodistas y haber construido identidad. El Colegio de Periodistas de Lambayeque no pertenece únicamente a quienes hoy integran sus cuadros directivos. Pertenece a todos los periodistas y comunicadores que, durante más de cuatro décadas, han contribuido a dignificar la profesión. Su historia demuestra que las instituciones no se edifican de un día para otro; se construyen con perseverancia, diálogo y desprendimiento. Y, sobre todo, con la convicción de que el periodismo sigue siendo un servicio público indispensable para la democracia.

Así, 44 años después de aquella histórica jornada del 31 de julio de 1982, el Colegio de Periodistas de Lambayeque continúa escribiendo su propia crónica. Una historia hecha de voces, de tinta, de micrófonos, de cámaras y de convicciones; una historia que, como toda buena obra periodística, aún no ha concluido porque cada generación está llamada a escribir un nuevo capítulo. (Larcery Díaz, Decano del Colegio de Periodistas de Lambayeque)