Venció al Covid por su profunda fe en el Divino Niño del Milagro de Ciudad Eten

En estos tiempos difíciles de coronavirus, la fe en Dios es lo último que se pierde y es el único quien con su poder podría salvarnos de este enemigo invisible que hasta la fecha va matando a más de 3,300 personas en la región Lambayeque. Hoy contaremos un hermoso testimonio de un paciente que, en sus momentos más difíciles que atravesó por esta temible enfermedad, jamás dejó de creer en el Divino Niño del Milagro Eucarístico que es alabado en el distrito de Ciudad Eten.

Milagro y fe
“Me persigno y miro al cielo, le pido a Dios permiso para llorar, llorar por haber vivido en carne propia lo que me tocó pasar por culpa de este mal”. Son las palabras de Rodolfo Liza Gómez, de 55 años de edad, quien un 9 de enero del 2021, tras contagiarse de la Covid-19 fue internado en La Villa de Ferreñafe, luego su estado de salud se complicó y al séptimo día, tuvo que ser derivado al hospital Luis Heysen.
“Ya en mi nuevo lugar de vida o muerte, me conectaron a una cama con pronóstico reservado y no bajaron el oxígeno, mi debilidad era cada vez peor. Tenía miedo, sí, tenía miedo de morir como ser humano y esta enfermedad se había ensañado en hacerme daño y hacerme sufrir. Mi saturación era muy baja, mi conector sonaba y callaba. Cerraba los ojos cansado y débil y volvía a duras penas. Cuando me sentía sin fuerzas, me encomendaba a Dios y le pedía que se haga su voluntad”, escribe cada momento que le tocó vivir.
Asimismo, el señor Liza veía a otras personas fallecer y ser retirados en bolsas negras, o cuando las enfermeras venían a cambiarles de pañal.
“Nunca dejé de orar en silencio por mi sanación y la de los que estaban en mi pabellón, algunos no soportaban y los sacaban en bolsas negras. Tal vez sería yo el próximo. Era traumático, se luchaba en todo allí, entre toques de rutina del cuerpo médico para cambiar de pañales a los pacientes, me animaban con sus frases motivadoras. Vamos señor Liza, no se deje, usted puede, no se deje vencer y me cogían de la mano, luego oraban conmigo, yo sin fuerzas, pero consciente pedía a mi Dios, a mi virgen María y a mi Niño del Milagro, del cual soy miembro de su hermandad”, cuenta.

Alta
En su testimonio compartido en redes sociales, describe que así fue su martirio día tras día, llegando incluso a perder la noción del tiempo, pero luego sucedió un milagro. “Sentí la presencia de algo sin explicación, pero a la vez misterioso, no era como los demás sobresaltos, éste era algo especial, como si me despertaran para jugar, como que quería que me volteara y me siente. Me quedé casi sin entender, pero ya movía mis brazos un poco mejor. Luego llegaron a saturarme, a medio voltear la cara le pregunté qué día era, me respondieron 22 señor Liza y que bien su saturación está en 94”, narró.
Al rato, una doctora le comentó que su saturación y temperatura se encontraba normal, al igual que su presión, estable. “Lo felicito, mañana empezamos a bajar una libra por día, me habló. Allí lloré como un niño y no quise soltar la mano de ese ángel convertida en doctora y le agradecí mucho. No lo podía creer y agradecí mucho a mi Niño del Milagro porque era un misterio todo aquello, sí, un misterio divino y entendí que era Jesús Niño quien me había revelado su presencia para sanarme”, precisó.
Asegura que nunca dejó de rezar y fue dado de alta el mismo día en que se celebra la festividad en honor al Divino Niño del Milagro, en el distrito de Ciudad Eten. “Era 22 de Enero, vísperas del día central de su fiesta patronal. Qué grande es la fe, y aún faltaba otra buena noticia, pues llegó Esmeralda, la esposa de un gran amigo, enfermera que se daba tiempo para ir a mi pabellón a darme fuerzas y motivarme en mi evolución. Le pedí que le diga a mi familia que lleven flores blancas a mi Niño del Milagro y así lo hizo. El 23 de Enero, día central del Niño del Milagro llegaron a revisar el oxígeno, no me bajaron una libra, como se dijo que era uno por día, no lo entendía, pero sabía que era obra de Dios. Pasó la tarde y la noche muy lenta y no paraba de orar, lo hacía por las personas que estaban ahí y por las almas de quienes no soportaron y se fueron. El 24 de enero me dieron de alta”, manifestó y agregó que la alegría lo embargó, por que volvería a ver a sus seres queridos y amigos que siempre estuvieron pendientes de él. Finalmente, agradeció porque estar vivo es producto de su fe.
Rodolfo Liza es miembro de la Hermandad del Niño del Milagro, que en Ciudad Eten preside el párroco Eleuterio Vásquez Gonzáles, Padre «Lute» y que desde el templo de Santa María Magdalena, ubicado en el parque principal del distrito, viene promoviendo la eucaristía, con el objetivo que este distrito se convierta en Ciudad Eucarística.
(Texto: Perla Polo Salés. Diario Correo).