
El Colegio de Periodistas de Lima expresa su rechazo frente al proceso administrativo sancionador del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos del Perú dirigido al semanario «Hildebrandt en Sus Trece». La Orden se solidariza con el periodista colegiado César Hildebrandt y el equipo de prensa que lo acompaña.
El periodista ha denunciado que su medio de comunicación está siendo amenazado por el gobierno a través de un proceso administrativo sancionador sobre la ley de protección de datos personales, impulsado con extremo rigor e inusitada celeridad por el Ministerio de Justicia.

Esta es la nota que publicó el periodista en el último número de Hildebrandt en sus trece:

PALACIO DE GOBIERNO PRETENDE CERRAR NUESTRO SEMANARIO.
El señor presidente debe estar muy molesto con este semanario. Y tiene razón de estarlo. Desde estas páginas, junto a otros medios, no hemos dudado en publicar todo lo que consideramos relevante en relación a las coimas supuestamente pedidas, los cheques recibidos por un conserje, los servicios aéreos inexplicables o los delatores premiados que han hablado de aquel ávido gobernador de Moquegua que hubo de suceder, años después, al corrupto Kuczynski. Todas estas últimas ediciones, por ejemplo, han sido dedicadas a dar cuenta de los avances que el fiscal Juárez Atoche ha podido hacer en relación a esas investigaciones y a denunciar la componenda que Vizcarra y la Fiscal de la Nación armaron para ver si paraban esas pesquisas.
Por todo eso es que el señor Vizcarra le ha ordenado a una de sus empleadas más rastreras, la ministra de Justicia, iniciar un proceso administrativo sancionador en contra de esta publicación. Ese expediente nos amenaza con una multa que podría llegar, literalmente, a las cincuenta unidades impositivas tributarias (215,000 soles), lo que significaría la quiebra de esta pequeña empresa de la que soy fundador y director.
Como ustedes saben, amables lectores, este semanario se sostiene a duras penas con los ingresos de sus ventas. La pandemia nos creó un vacío financiero y un descenso obligado de nuestro tiraje por razones que son fáciles de entender. Hemos iniciado un proceso de recuperación, una convalecencia de cuentas y gastos que, como en la mayoría de los casos, será menos breve de lo que hubiéramos deseado. Una mordida de 215,000 soles en nuestras finanzas será de necesidad mortal. Eso lo sabe el señor Vizcarra, como sabe también que esta revista no recibe un centavo de su gobierno ni tiene un centímetro cuadrado de publicidad contratada por el sector privado.
¿Por qué nos quiere multar la señora Ana Neyra, empleada de Vizcarra, ministra de Justicia capaz de aparecer junto a algunos militares en traje de campaña cuando de blindar a su jefe se trata?
Todo empezó cuando este semanario publicó, el viernes 13 de marzo de este año –dos días antes de que el gobierno reconociera la magnitud de la crisis sanitaria y decretara la primera cuarentena–, la identidad fotográfica del paciente cero, el hombre que, de modo involuntario, llegado desde Italia donde se contagió, fue la primera víctima del Covid-19 en el Perú.
Se trataba de un piloto de LATAM llamado Luis Felipe Zevallos Arroyo. Fue en una nota titulada “Así empezó todo”, que era parte de nuestra cobertura sobre el comienzo de la pandemia en estas tierras. El titular de aquella edición, que algo tenía de profética, fue: “Lo que el gobierno no quiere que sepamos”. Se trataba, precisamente, de dar la información que el público exigía y que el gobierno estaba regateando. Se trataba de decirle a la gente a qué nos enfrentábamos y cuán grave podía ponerse la situación. Dos días después de esa publicación, Vizcarra apareció recién para decirnos lo que los periodistas ya sabíamos: que el aislamiento era una primera fase imprescindible y urgente.
Un mes después de esa publicación, el 15 de abril de este año, el señor Zevallos Arroyo nos planteó una denuncia ante el Ministerio de Justicia por una supuesta infracción a la llamada ley de protección de datos personales, una ley que colisiona abiertamente con el derecho a la información y que en circunstancias como las que vivíamos resultaba ridículo aplicar. El señor Zevallos Arroyo se presentó como un paciente víctima de una inaceptable intromisión periodística en “su privacidad”. Eso, a pesar de que ese señor había admitido ser el paciente cero ante algunos otros medios.

La dirección de Fiscalización e Instrucción del Ministerio de Justicia nos notificó de la demanda el 3 de julio. El 18 de ese mes respondí con un escrito personal, que me permito reproducir:
“Doctora Olga María Escudero Vílchez
Directora de la Dirección de Fiscalización e Instrucción
Ministerio de Justicia y Derechos Humanos
De mi consideración:
En respuesta a la denuncia presentada por el señor Luis Felipe Zevallos Arroyo por haber presuntamente usado su imagen sin su consentimiento en la revista que dirijo, paso a exponer lo siguiente:
-En ningún momento recibí del señor redactor de la nota que ha hecho surgir esta denuncia la indicación expresa de que el señor Zevallos Arroyo exigía el anonimato a pesar de estar plenamente identificado al haber concedido una entrevista precisamente sobre el tema. En todo caso, asumo la responsabilidad de haber tomado la decisión de publicar su foto. Me pareció periodísticamente importante identificar visualmente, sin ningún deseo de agravio, a quien resultó la primera persona contagiada en el Perú con el Covid-19. Como usted sabe, el señor denunciante fue el paciente cero de la pandemia luego de que retornara a Arequipa después de haber permanecido en Italia. Sin el sustento identitario, la nota de “Hildebrandt en sus Trece” podría haber sido considerada como una especulación sostenida en un personaje al que sólo nombramos como “Luis”. Todo este episodio corresponde a los días previos a la pandemia, cuando la precisión de la información resultaba más que nunca imperativa.
-No hay en el reportaje mencionado una sola línea que permita suponer algún tipo de acusación, insinuación hostil o connotación negativa respecto del señor Zevallos Arroyo. El denunciante es tratado en las pocas líneas amables y preocupadas dedicadas a él como lo que fue: un paciente, una víctima de las circunstancias, alguien a quien el azar convirtió en el primer paciente peruano de la pandemia que hoy seguimos sufriendo. Las líneas finales de su intervención en el reportaje son ilustrativas: “‘Espero que me hagan la prueba de descarte para volver a trabajar’, dice Luis, quien vive en Surco”.
-El señor denunciante admite que, antes de conversar con nuestro reportero, había brindado entrevistas a otros medios. Fue precisamente uno de esos medios amigos el que nos proporcionó sus señas para poder llamarlo. Su identificación y su labor en la empresa aérea “LATAM” habían circulado ampliamente en círculos sociales y periodísticos.
-Me apena profundamente haber causado tan involuntariamente malestar y desazón en el señor Luis Felipe Zevallos Arroyo. Debo aclarar, sin embargo, que en ningún momento recibí de él alguna carta, mensaje o comunicación que me permitiera saber de su estado de ánimo luego de la publicación.
-La prensa internacional ha revelado el nombre y la fotografía de la primera paciente del Covid-19 en los Estados Unidos. Se llama Diana Berrent, es norteamericana, fotógrafa, tiene 45 años y dos hijos y el 9 de marzo se infectó con Covid-19. Ahora ha formado un grupo, llamado Survivor Corps, para reclutar sobrevivientes, hacerlos donar su sangre y llevar adelante estudios que podrían curar a los enfermos gracias al plasma de los convalecientes. Y aunque pudo ser cruel y estigmatizador, dada la intolerancia y la connotación homofóbica que tuvo el tema en sus orígenes, hubo periodistas que creyeron encontrar en el auxiliar de vuelo de la empresa “Air Canada” Gaetan Dügas al paciente cero del síndrome de la inmunodeficiencia adquirida.
En otros países, como se puede apreciar, el concepto de la privacidad hace frontera con el derecho público a la información.
Muy atentamente,
César Hildebrandt”.

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