
Entre mis primeras comisiones de prensa, hace 50 años, “cubría” (como se le llama en el argot periodístico a informar acerca de) el Palacio de Justicia de Lambayeque, un antiquísimo edificio en la décima cuadra de la calle San José, en Chiclayo. Presenciaba las audiencias de principio a fin; y, si lo ameritaba, redactaba una crónica con los detalles noticiosos del caso.
Así fui conociendo a los presidentes y vocales de la Corte Superior de Justicia de Lambayeque; fiscales, abogados defensores, litigantes y personal administrativo; y asimilando a diario y de golpe en golpe, los llantos y alegrías de quienes su sentencia los culpaba o declaraba inocentes.
Durante años subí y bajé las enormes escalinatas de mármol que daban a esa gran sala de audiencias principal; o caminé los vericuetos del primer y segundo piso. Y, en más de una oportunidad, entrevisté en el salón donde los vocales elegían al nuevo presidente.
Nunca imaginé que hoy, cincuenta años después de aquello, me convocarían para realizar la investigación y redacción del libro “Corte Superior de Justicia de Lambayeque: 100 años de historia”, presentado la tarde del viernes 4 de setiembre último en la Feria Internacional del Libro de Lima-FilLima 2020.
Con 352 páginas y un tamaño de 21 x 28 cm, esta es la primera obra que el Poder Judicial publica, de la Colección Bicentenario de la Independencia del Perú, dirigida por el Dr. Francisco Távara Córdova, juez titular decano de la Corte Suprema y director del Fondo Editorial del Poder Judicial (1.a ed. Lima, 2020), buscando rescatar la memoria institucional de las diversas cortes del país. Luego se publicarán de las cortes de Lima, La Libertad y del Santa. El juez Távara y el vocal Edwin Figueroa en representación del presidente de la Corte de Lambayeque, Dr. Oscar Burga Zamora, presentaron la obra, acompañados de la editora del Fondo, Gladys Flores Heredia, quien precisó que “detrás de la historia de la Corte hay una historia de vida”.

Todo un anecdotario
Durante la investigación, entre otras decenas de anécdotas, encontramos que hubo de pasar 66 años de su fundación en 1920, para que en 1986 el entonces presidente de la Corte de Lambayeque, Dr. Carlos Castañeda Zúñiga, contara que había «desempolvado y sacado a luz el Acta de Instalación de la Corte». Hasta ese año, no se conocía el acta ni la fecha de creación; y, por ello, durante todos esos años nunca se celebró el aniversario institucional.
Al año siguiente, en 1988 bajo la presidencia de la Dra. Adriana Gonzales –la primera presidenta mujer que tuvo la Corte Superior de esta parte del país-, por primera vez se celebró el aniversario institucional.
Asimismo, supimos que el Tribunal comenzó a funcionar provisionalmente en los altos del Colegio Nacional de San José, a un costado de la entonces Iglesia Matriz, ya desaparecida, en plena calle San José, en el parque principal de Chiclayo.
La Corte Superior tenía jurisdicción sobre la cárcel pública, que se hallaba a solo cien metros, en pleno centro y parque de Chiclayo, donde hoy, orgullosamente se levanta la Municipalidad Provincial. En 1993, el periodista José Arana Cuadra contaría en el libro “Del Chiclayo que se fue”, que había alcanzado muy remotamente a saber eso. “Cuando pasaba uno por allí, había unos gendarmes sentados en una banca en la puerta, como en los pueblos chicos; y se veía adentro a los presos que sacaban la cabeza de los calabozos. Después pasó la cárcel a la Pampa de los Ficus y en esa zona (del parque) se construyó el Palacio Municipal”, diría.
Al instalarse el Tribunal de Lambayeque, en 1920, el penal de Chiclayo registraba 41 presos. Pasaron 67 años y en 1987 se construyó una nueva y moderna cárcel, en el distrito de Picsi, para albergar a más de 1000 reclusos. Hoy, en el 2020, cuenta con casi 5 mil internos.
Durante la presentación de la obra, en la FilLima, la editora del Fondo, Gladys Flores, se refirió a un litigio resuelto por la presencia de dos patos.
La Dra. Haydee María Larrea Serquén (hoy jueza del Juzgado de Violencia Familiar y en el período 2009-2010 asesora de Corte), cuenta en el libro que antes el Poder Judicial no consideraba movilidad para el magistrado. Las dos partes sufragaban el costo de la movilidad, especialmente el demandante. Y aunque demandante y demandado se peleaban, cuando estaban delante del juez todos permanecían callados. A veces los conflictos solo estaban determinados por linderos y finalmente el juez resolvía. No había desconfianza ni mala fe contra los jueces. Incluso, terminada la inspección, las dos partes invitaban al juez a compartir.
“En una oportunidad, el juicio se había iniciado porque dos patos se pasaban al otro lado del lindero y habían comido las semillas de maíz en los terrenos del demandado. En la inspección ocular el juez preguntó los pormenores del caso y ambas partes le explicaron. Al final, el juez Edgardo Agurto (ya fallecido) resolvió que como los culpables habían sido los patos, ellos deberían pagar y ser sacrificados. El hecho es que se comieron los dos patos y las dos familias quedaron tranquilas y se amistaron”.
El 23 de mayo último, en plena pandemia, la Corte de Lambayeque cumplió 100 años de fundación. Las actividades, con invitados nacionales y extranjeros fueron suspendidas y solo se dieron conferencias virtuales y una celebración también virtual.
Me satisface la obra “Corte Superior de Justicia de Lambayeque: 100 años de historia”, por mi nueva perspectiva de cómo ver y contar la historia desde diversos ángulos y cómo podría haberse perdido si los altos niveles de la magistratura en Lambayeque no se hubieran interesado en saber qué pasó con sus antecesores y la institución a la que sirven.
La búsqueda incesante en cada rincón de colecciones públicas y privadas, como en el Archivo Regional de Lambayeque, que dirige Ada Lluén Juárez; o de la Sociedad Amantes de las Artes; textos y fotografías de diarios como La Industria y archivos como los de Miguel Ángel Díaz Torres y otras personas amigas, nos apoyaron en este constante trajinar. Consideración especial merece Maribel Ortiz Zelada, jefa de Imagen de la Corte, quien fue definiendo el texto en relación a las acciones jurisdiccionales. Y, especialmente los directivos del Consejo Editorial en Lambayeque, jueces superiores Oscar Burga Zamora, Edwin Figueroa Gutarra, Ana Salés Del Castillo y Margarita Zapata Cruz, quienes, en emergencia por la pandemia, se empeñaron en plasmar la obra.
Muchas fueron las anécdotas a partir de la memoria personal de protagonistas, como los hoy amigos exvocales José Gonzales López, Magdalena Chávez Mella, Manuel Huangal Naveda, Ricardo Ponte Durango y Miguel Ángel Guerrero Hurtado, entre otros, quienes permitieron reproducir sus historias de vida y con ellas la parte en que, desde su gestión entre los grandes acontecimientos que movieron al país, motivaron a que este Poder del Estado en Lambayeque se convirtiera en uno de los mejores en administrar justicia. Ayudaron también las Memorias de los expresidentes, obligados por ley a leer tras su mandato.


Reconstruyendo la historia
Así, se fueron armando las piezas que iban encajando en el devenir de la vida institucional de la Corte. Según Burga Zamora, “algunas, por cierto, se quedaron para el tintero, porque a pesar de nuestra búsqueda constante, no encontramos la documentación que corroborara esa parte de la historia. Pero nos satisface que muchos de esos años estén recogidos en este documento, primero en su género en nuestra Corte y base para que acuciosos investigadores, y especialmente profesionales o trabajadores de nuestra institución, sigan ayudando a compilar la información que no encontramos”.
“Reconstruir la historia de la Corte no fue nada fácil; rebuscar en viejos anaqueles la parte casi perdida de todo lo vivido. Ayudaron mucho personas e instituciones que guardan, celosamente y cual sagradas reliquias, antiquísimos documentos que relatan tan importante quehacer que desempeñaron los integrantes de este organismo judicial, desde cada uno de los presidentes hasta quienes día a día, desde los órganos jurisdiccionales y las áreas administrativas, buscaron que la justicia llegara a los rincones más olvidados del territorio que, con el tiempo, fue estableciéndose como jurisdicción nuestra”.
Burga recuerda que la institución fue creada por la Ley n.° 4049, dada por el Congreso el 29 de marzo de 1920 y promulgada por el Ejecutivo el 30 del mismo mes. Añade que el primer presidente de la Corte, Dr. Manuel C. Rodríguez, cuenta en su memoria de 1921, que “se había instalado la Corte, habían jurado los vocales, pero no tenían local dónde desarrollar sus funciones. Por ello, el Gobierno designó provisionalmente los altos del Colegio San José para que allí funcionara el Tribunal”.
Ahora, el director del Fondo Editorial, Dr. Francisco Távara, remarca que esta obra es la primera de la Colección Bicentenario de la Independencia del Perú y busca recuperar los documentos y archivos de la institución lambayecana desde mayo de 1920, fecha en que se independizó de la Corte Superior de Justicia de La Libertad. Así, el Fondo Editorial contribuye a la reconstrucción de la memoria y la historia institucional del Poder Judicial del Perú. “Además, es un homenaje a la longeva trayectoria y vigorosa actualidad de la histórica Corte del norte del Perú, un homenaje cargado de entrega y heroísmo por parte de cada una de las personas que hicieron posible esta publicación en pleno estado de emergencia y cuarentena por la COVID-19″.


Los cinco capítulos
El libro “Corte Superior de Justicia de Lambayeque: 100 años de historia”, consta de cinco capítulos.El primero (1920-1936) cuenta la etapa fundacional y los duros pero fructíferos quehaceres de los años inaugurales. En el segundo (1937-1967) se conocen las decisiones que se aplicaron en favor del quehacer judicial. El tercero (1968-1979) recoge la preocupación en medio del golpe de Estado de un gobierno militar. El capítulo IV (1980-1999) informa los retos del sistema de justicia y sus operadores en leyes sobre terrorismo. El capítulo V (2000-2020), expone parte de la historia de los últimos veinte años, con un Poder Judicial modernizado.

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