La alegría de un gran señor

Fue un miércoles en que la alegría -y todas las anécdotas que de ella brotaban- quedó en suspenso con la partida física de un gran señor. El 19 de agosto, a las 3:45 de la tarde, aparte de su familia, comenzamos a llorarlo decenas de amigos, sus compañeros de partido y hasta sus eventuales rivales políticos, que también eran sus amigos, porque Germán Gorbitz García Urrutia fue una de las personas públicas más queridas de Chiclayo y la región Lambayeque.
Incluso su viaje a las estrellas fue una anécdota, aunque triste. Antes de irse, las redes inundaron toda la mañana el anuncio de su muerte. Lamentablemente ocurrió, pero por la tarde.
Nacido hace 71 años, desde pequeño solía moverse por el centro de esta capital. Vivía en la calle Lora y Cordero, en la cuadra que da entre 7 de enero y la avenida Balta, junto a sus padres y su hermano, Luis Guillermo.

La familia Gorbitz
Procedía de una familia muy representativa de Lambayeque y La Libertad. Incluso en Chiclayo había una gran tienda comercial que llevaba su apellido: Gorbitz. Era como la casa Cuglievan, aquella que cerró cien años después de fundada.
Germán desciende de un inmigrante alemán, Max Gorbitz, quien en 1919, a sus 28 años, vino desde Hamburgo, Alemania, a Chiclayo, según consigna el Padrón de Extranjería del Archivo Regional de Lambayeque. Su abuelo, don Herman Gorbiz, fue alcalde de Chiclayo en 1920. En otros lugares del norte, por ejemplo en Cutervo, Cajamarca, se halla una pileta que trajo desde Alemania. Se la encargó la municipalidad del lugar y para la inauguración él obsequió los instrumentos para la banda de músicos.
Germán Gorbitz García Urrutia formó una familia con Matilde Domínguez, de la que nacieron Germán y Luis Guillermo, quienes tienen un hijo cada uno. Su esposa murió joven y el papá se dedicó a la crianza de sus hijos y a sus otras dos pasiones: la crianza de los caballos peruanos de paso y la pesca.
Era muy católico y a veces rezaba todo el rosario. En las reuniones a las que asistía y donde la mesa estaba servida, pedía unos minutos para bendecir la comida. Según contaba, en su dormitorio tenía varias imágenes de santos a quien les rezaba todos los días, antes de acostarse.
Cuando uno ingresa al cementerio El Carmen, de Chiclayo, el primer mausoleo que encuentra, a la mano izquierda, lleva su apellido: Gorbitz Russo. Germán era uno de los miembros de su familia que lo mantenía limpio. Cuidaba ese espacio de sus ancestros, quizá pensando que algún día allí reposaría. El destino llevó su cuerpo a ser sepultado en otro campo santo.

La chispa heredada
Era sobrino del poeta costumbrista Guillermo García Urrutia, más conocido como “Calandracas”, cuyos poemas y ocurrencias son recordados sobre todo en Ferreñafe. Entre otras definiciones de la Real Academia española, Calandraca es una conversación molesta y enfadosa. Los escritos de Calandracas fueron a parar a manos de Germán y ahora los deben tener sus hijos. Calandracas, pese a ser conocido como bromista con sus versos, en una oportunidad ganó el Concurso del Himno a Cajamarca.
Germán recordaba que otro de sus tíos, hermano de su madre, era bien exagerado en todo lo que contaba. Cada vez que llegaba a la casa, aún soltero y acompañando a su mamá, el tío decía que había pescado una Chula de este tamañazo (y estiraba los brazos a todo lo ancho, a pesar que ese tipo de pescado no es muy grande). Un día que el tío volvió a la casa comenzó a decir que había estado en Punta Negra. Germán le anticipó que antes que contara le iban a amarrar las manos para que no exagere. Así lo hicieron, como si tuviera esposas en las dos muñecas. Luego comenzó el cuento: “He pescado un róbalo con unos ojos de este tamañazo” (Lo decía mientras abría los ojos grandazos, tanto hacia arriba como hacia abajo).
Germán le puso como chapa: “El tío Conejín, que a la verdad le puso fin”. Así de simples eran sus “chapas” (sobrenombres o apodos característicos por las cualidades de las personas), pero bien elaboradas.

En Cervecería del Norte
Antes de entrar a Cervecería del Norte, empresa de la Backus, Germán trabajó representando a una firma de molinos de arroz de Brasil, adonde fue varias veces. Y en el Perú viajaba mucho a la Selva, a Camaná, que es zona arrocera y muchas veces se encontraba en el camino con Juan Salazar Torricelli. Ambos ya se conocían de sus correrías por la ciudad.
Al entonces gerente de la Cervecería, Juan Brescia Lugón, le interesó la presencia de Germán Gorbitz, no sólo como médico veterinario, sino por lo comunicativo que era; y, sobre todo, que con ello se podría aprovechar para difundir la crianza del caballo de paso, que la empresa ya había asumido. Así, Germán veía todo lo relacionado con el establo. Pero como al parecer en las caballerizas de Motupe le sobraba tiempo, más adelante le dieron un puesto en mercadeo como jefe de área. Aunque, según decía el mismo Germán, nunca en su vida vendió una botella de cerveza. Pero se dedicaba también a las relaciones públicas, que bien ejercía como jefe Juan Salazar Torricelli.

Los caballos peruanos de paso
Juan Brescia inició el criadero de caballos peruanos de paso en la empresa cervecera, en Motupe. Lo hizo con el fin de establecer un criadero en este lugar, considerando que a esas alturas la tradición que habían emprendido los exhacendados en Cayaltí y Pucalá con briosos corceles como el recordado «Limeñito», ya se estaba extinguiendo tras la Reforma Agraria. Comenzaron con tres yeguas que le compraron a Luna de la Fuente, de Pacasmayo, un padrillo que lo adquirieron de Aníbal Vázquez Nacarino, de Paiján, un caballo símbolo hijo de Sol de Paiján. En algún momento Cervecería del Norte llegó a tener en su caballeriza cerca de 80 equinos, entre potros y yeguas. Muchos de ellos participaron en exhibición en las ferias patronales de los diversos distritos de Lambayeque (no había pueblo que no viera sus elegantes bailes de marinera con su chalán bien orlado encima) o en competencias norperuanas y capitalinas, en Cajamarca, Piura y Mamacona, a nivel nacional e internacional. Incluso se habilitó un camión especial para trasladar a los bellos ejemplares.
Germán había sido ya un erudito en todo lo que significara el caballo peruano de paso. Cada vez que iban los visitantes a la planta cervecera, al final se disfrutaba de un espectáculo especial con los caballos. Y, junto a ellos, se encontraba Germán Gorbitz, quien contaba la historia de cómo había nacido la afición en el Perú, con todas las características que tan bellos ejemplares, con su garbo y donosura, mostraban a los visitantes.
A propósito, Juan Salazar recuerda que antes las haciendas azucareras usaban este tipo de caballo pero no como un lujo, sino como una herramienta de trabajo por su rudeza y fortaleza y en ellos andaban los caporales cuando recorrían los cañaverales y las tomas de agua. Hasta que Cervecería se interesó por cultivar de mejor forma la presencia de los equinos.
Incluso la Asociación Nacional de Criadores y Propietarios de Caballos Peruanos de Paso, cuando organizaba el famoso Concurso de Mamacona en Pachacámac, llamaba a Germán para ser el animador principal, porque este conocía todos los términos relacionados con la afición. Allí participaba un promedio de 800 ejemplares por categorías. El evento se convirtió en internacional, pues el caballo peruano de paso no sólo se cría en Perú sino en otros lugares de Latinoamérica.

Las anécdotas
Cuando entra Germán a Cervecería del Norte, con Salazar Torricelli intimaron mucho más, porque todo el mundo se “jaraneaba” con ellos. Llegaban muy puntuales a las oficinas de Lora y Cordero, en Chiclayo. Se paraban en medio patio, por donde entraban los trabajadores de las áreas de Contabilidad, Administración, Logística, etc. Y cada que los veían les tenían miedo, sobre todo a Germán, porque era campeón en ponerles “chapas”
Lo gracioso y anecdótico en Germán es que sus “chapas” se basaban en animales, que quizá en algún momento se parecían a quien se las endilgaba.
Juan Salazar, a quien acudí como una de las fuentes para esta nota, me cuenta una anécdota de Germán, pero antes me pone en autos sobre lo que va a venir, acerca del tordo y el cuncuno. El tordo es un pajarito con cuello delgado y el cuncuno, un arbusto de los pueblos lambayecanos, que produce frutos pequeños, parecidos al arándano. El cuncuno es gomoso, se pega en los dedos; pero es alimento favorito de los pajaritos. Muchos pájaros no tienen buche, como las palomas y cuando comen el cuncuno comienzan a estirar el pescuezo, se desesperan porque no les pasa.
En una oportunidad, Germán vio ingresar a un compañero que trabajaba para la empresa Jugos del Norte, de la misma Backus. Era un cholón, alto, medio moreno, pero con el cuello bien duro. Cuando uno le hablaba nunca volteaba la cabeza: saludaba y continuaba. La chapa que le puso Germán y que se la dijo solo a Juan Salazar fue: “Tordo empanchado con cuncuno”.
Y así, no cesaba en sus ocurrencias. El mismo Germán contaba que alguna vez vinieron ejecutivos de Backus de Lima. Fueron a un reconocido restaurante gourmet de Chiclayo, donde -como Germán decía- “el ceviche te lo sirven en una cuchara de esas que parecen para sopa wantán”.
Cuando los ejecutivos vieron que servían la mesa “como si estuvieran jugando a la comidita” Germán les dijo: “No se preocupen que acá el dueño tiene como cocinera a Blanca Nieves y los siete enanitos”. Todos celebraron la ocurrencia menos uno: el dueño del restaurante.
Mesa Redonda Panamericana es un conjunto de señoras lambayecanas agrupadas para rendir homenaje a los héroes y próceres peruanos y realizar otras acciones de servicio a la colectividad. Una vez, Germán acompañó a unas 50 de sus integrantes en una visita a la planta de Cervecería del Norte.
Allí, un pequeño grupo de señoras fue con Germán a las caballerizas de los caballos peruanos de paso. Una de ellas preguntó por un burrito, que se hallaba junto a los caballos. A nuestro protagonista, una familia chongoyapana que lo quería mucho, le había regalado un burro hechor.
Como siguieron las preguntas de las visitantes sobre qué es un burro hechor, tuvieron que formar un círculo para qué brevemente les explicará, sin grosería de por medio, lo que era. Germán les reveló que es un asno semental utilizado en la producción de mulas cubriendo yeguas y de su ligazón es donde nacen los mulos. Los burros hechores, además de escasos, son bien cotizados. Concluyó que el burro hechor no nace sino que se hace, y por eso son escasos. Argumentó que tiene que coincidir la parición de una yegua con una burra y en ese momento la cría de este último animal se la colocan a la yegua, le cambian al potrillo. Así, la yegua percibe el olor del animalito y lo cría como suyo. O sea que no puede haber mulas ni machos sin que sean engendrados por un burro hechor.
La curiosidad de una de las señoras no quedó allí. Inquirió a Germán: considerando que las yeguas son altas, ¿cómo hace el burrito para servirlas? Germán explicó que había una zanja, similar a la que hay donde cambian el aceite a los vehículos. ”Allí la meten a la yegua para que el burrito pueda alcanzarla”. Y les agregó la siguiente frase: “Aunque después al burrito lo dejen colgado como repisa”. Como las contertulias no aguantaron la risa, continuó: “Pero no sólo eso. Como ya se creen caballos medio garañones, al comienzo las yeguas lo empiezan a patear, lo botan, pero después le tocan la puerta…”.
Cuando alguna vez le preguntaron por uno de sus amigos cercanos de qué promoción era, Germán decía que su amigo “había sido muy cariñoso con el colegio, porque nunca lo quiso dejar”. Y es que alguna vez a su amigo lo jalaron de año. Cuando había alguna reunión donde circulaba la cerveza y alguien no quería beber por el compromiso de atender a los invitados Germán decía: “no le exijan a mi primo tal, que ya chupó para toda la vida”.

El “compañero” Germán
Germán era muy aprista y seguía las enseñanzas dejadas por el fundador de su partido, Víctor Raúl Haya de la Torre. Recordaba que cuando a comienzos de los noventa Alan García estuvo perseguido por el gobierno de Fujimori, el expresidente llegó a Chiclayo y estuvo acá durante una semana en la casa de varios de sus compañeros.
Alguna vez el entonces nuevamente candidato a la presidencia, en un mitin en la Plaza de Armas de Chiclayo, ofreció públicamente que Germán Gorbitz sería considerado como precandidato del partido al Congreso de la República. No se supo por qué no lo fue ni cómo fue que la expectativa se diluyó. En los últimos tiempos, Germán se desengañó con Alan García (quien se suicidó tras una investigación de la Fiscalía en su contra por el caso Odebrecht).
Pero Germán sí llegó a ser regidor de la provincia de Chiclayo, cuando fue alcalde Arturo Castillo Chirinos. Los votos que obtuvo, quizá le hubieran dado la representación parlamentaria por Lambayeque que su partido le negó. Como regidor, una placa ubicada en el Paseo Musas lleva su nombre.

Su solidaridad ante todo
A quienes pregunté afirman que Germán Gorbitz era una persona muy solidaria. No podía ver a nadie que dejara de comer un pan y daba de su propio peculio para cubrir las necesidades de otras personas.
Juan Salazar cuenta que a veces la recepcionista de Cervecería se abrumaba porque muchas personas llegaban a preguntar por “el compañero Germán”. Lo hacían acompañados de sus hijos pequeños, pidiendo ayuda. “Nunca he visto gente tan buena y solidaria como Germán, para quien no existía gente mala. Su solidaridad con la gente era una de las cosas que más lo identificaban, lo caracterizaban como persona”.
Así de querido era Germán. El expresidente de Ecuador, León Febres Cordero, en cualquier momento enviaba una avioneta para que Germán fuera hasta Machala, cerca de Quito, donde tenía una hacienda, para conversar las últimas noticias relacionadas con los caballos, pues también conducía un establo. O, en todo caso le encargaba conseguir el famoso pellón peruano (no es el pellejo curtido de forma rectangular que forma parte del recado de montar). El pellón peruano es un manto negro que se coloca sobre la montura del equino; lo confeccionan en lana fina las mujeres de San Pedro o Chepén y era reconocido dada la suavidad que su textura bien la soportaba el fino corcel. León Febres le aseguraba a Germán que mucho mejores eran los caballos peruanos de paso que los caballos de paso fino de Colombia.

La última de Germán fue disfrazarse de Donald Trump, el presidente norteamericano, con su saco azul, su corbata roja y su peluca rubia tirando para amarilla. Fue durante una reunión con Los marcianos (amigos que han conformado una hermandad que se dan cita un día martes. De ahí el nombre y donde aprovechan para donar dinero que se destinará a ayuda social). El animador principal, Germán, hizo su show particular, digno de recordar por el español masticado de Trump.

Durante su enfermedad y hospitalización recibió muchas muestras de cariño de parte de amigos no solo lambayecanos y de la capital, cuyos nombres sería largo enumerar, sino también de extranjeros que lo querían mucho y conocían de su calidad humana y que hoy lloran su partida. (Larcery Díaz Suárez * Periodista)

Fotos de Luis Cabrejos-Clarín, de Germán Gorbitz y de la Asociación del Caballo Peruano de Paso.

Parte de este texto lo publicó la revista 4×4, que dirige Carlos Fernández Lazo.