El ingenio peruano no tiene límites. A Óscar Rolando solo le bastó una fumigadora personal, un mameluco, guantes, mascarilla y su protector para el cabello y a trabajar.»Yo no tengo tarifa, solo pido su voluntad y apoyo a mi trabajo», le contó al reportero gráfico Luis Rodríguez Sánchez. Recuerda que un vecino, a quien le ayudó a cargar su triciclo de mercadería, le dio los productos a precio de costo. «Me gusta trabajar independiente y no me quejo. Los primeros días de la pandemia sí me afectó. Ahora ya me estoy recuperando. Tengo familia y unos padres por ver. Espero que también ustedes me ayuden», enfatizó.
Texto y fotos: Luis Rodríguez Sánchez.





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